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CONTEXTUALIZACIÓN POLÍTICA: LA REVOLUCIÓN Y SUS CAUSAS

1.1.- LA RUSIA ZARISTA Y PRE-REVOLUCIONARIA:
-> Causas de la Revolución
1.2.- LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE:
-> Desarrollo de la revolución
-> Revolución y Caos. Comunismo de Guerra
-> Los Intentos de Internacionalización de la Revolución
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CONTEXTUALIZACIÓN POLÍTICA: LA REVOLUCIÓN Y SUS CAUSAS

1.1.- LA RUSIA ZARISTA Y PRE-REVOLUCIONARIA

La revolución rusa es la revolución del S. XX. Equiparable en cuanto importancia histórica a su predecesora, la revolución Francesa, y llevada a cabo un siglo después, supone el triunfo de una clase tradicionalmente abandonada, utilizada y sometida, para conseguir su liberación del régimen autocrático, superando de este modo el statu quo instaurado con las revoluciones burguesas derivadas de la francesa, y dando un paso más hacia la eliminación de la sociedad de clases.

Durante varios decenios (desde mediados del S. XIX) se fueron gestando en la Rusia Zarista las características que desembocaron en la situación de colapso del régimen y en el estallido de la revolución. Tal vez, a manera de resumen introductorio, podamos decir que la revolución es el punto de ruptura en la tensión creada entre un desarrollo económico y social moderno y unas estructuras políticas autocráticas estancadas en épocas lejanas.

Causas de la Revolución

Con su revolución, Rusia se adentraba en la edad moderna, poniendo fin al oscurantismo medieval en que estaba sumida y equiparándose a otros países europeos como Francia e Inglaterra, que tuvieron anteriormente sus revoluciones. Aunque estas revoluciones en Europa Occidental fueron de origen burgués y fundaron democracias burguesas, Rusia se saltó este estadio para pasar decididamente a la revolución proletaria y a la construcción de un estado socialista.
Muchas fueron las causas que desencadenaron en la revolución de Octubre, entre ellas podemos destacar las siguientes:

La burocracia imperial rusa era una clase elitista y diferente situada por encima del resto y cuya procedencia era la aristocracia terrateniente. A finales del S. XIX, Rusia seguía siendo un antiguo régimen agrario y su élite gobernante estaba dominada por familias terratenientes. El sistema de gobierno zarista estaba basado en una jerarquía estricta con la corte situada en su cima, por debajo el funcionariado civil y militar así como la iglesia, y en la base de este orden, el campesinado. Cada estamento estaba marcado por unos derechos y deberes específicos que lo diferenciaba del resto. Su obsesión por la jerarquía era tal que las reglas distinguían 14 rangos diferenciados con su propio uniforme y reglas, y un funcionario solo podía ocupar aquellos cargos de igual o menor altura que su posición personal. Los burócratas ascendían por antigüedad (cada 3 o 4 años), por lo que cualquier persona tan solo tenía que esperar su turno para mejorar, lo cual estimulaba la mediocridad. Además, la burocracia se estaba convirtiendo en un corto camino hacia la nobleza. Aún a finales del S. XIX, le élite gobernante procedía de la aristocracia dominante. Los nobles constituían el 71% de los cargos en 1897, dominando los rangos superiores y concibiendo así un pequeño mundo como una tela de araña endogámica donde todos se conocían y se conectaban por vínculos matrimoniales y de amistad. De este modo la burocracia rusa nunca fue un instrumento efectivo y fracasó como fuerza política coherente y como instrumento de reforma y modernización. Incluso los leves intentos de modernización que se dieron a mediados del S. XIX, auspiciados por hijos de nobles sin tierras que accedieron a la profesión a través de canales más amplios de educación, fueron defenestrados por la élite conservadora, que pensaba que otorgar derechos solo podía servir para debilitar el estado. Este fue el momento en el que se emanciparon los ciervos de iure en 1861, se instauraron los ZEMSTVOS o Asambleas locales de auto-gobierno en 1864, institucionalizando una práctica ancestral, y se establecieron los juicios públicos con jurado. Su dependencia de la nobleza fue su “talón de Aquiles”.[1]

La mayoría de las ciudades había evolucionado como puesto administrativo o militar en vez de comercial. Comprendían una pequeña nobleza y una masa de pequeños comerciantes, artesanos y trabajadores. No existía una clase burguesa en el sentido occidental ya que los profesionales eran demasiado dependientes del estado. En cuanto a la nobleza terrateniente, soportaba los cargos de administración de las provincias siendo, para los liberales, la personificación de la opresión y el despotismo del zar. Desempeñaba el papel de celebridad relevante que daba caché a las fiestas y tenían consideración casi divina. Su dependencia del estado para mantener su riqueza hizo que fuera incapaz de convertirse en clase independiente contrapeso de la monarquía, como sucedió en Europa en el S. XVI. Ellos estaban a cargo de las juntas provinciales, la recaudación de impuestos y de la policía local, encarnando el principio autocrático en las provincias. El número de policías era escaso (uno por 50.000 habitantes aprox.) y cada vez tenían más tareas y en las poblaciones más pequeñas no tenían administradores permanentes. Desde 1903, los agentes se vieron ayudados por agentes campesinos pero eran de poca confianza. La policía comenzó a ser un órgano ejecutivo que servía para todo ante la ineficacia de la burocracia sin órganos ejecutivos para recaudar impuestos, realizar estadísticas, inspeccionar caminos etc. Esto producía un funcionamiento bastante lento e ineficaz. La debilidad crucial y el atraso de Rusia tenían su origen en este sub-gobierno.

La depresión agrícola hizo que la nobleza terrateniente entrara en decadencia en la II mitad del S. XIX. En esto tuvo mucho que ver también la emancipación de los siervos que hacía que la nobleza se tuviera que valer por sí misma y dependían de sus propios recursos. Para solventar esto, la nobleza giró su política hacia los Zemstvos y hacia la defensa de la “cultura provincial” pidiendo mayor autonomía para el gobierno local. Pero el definitivo derrumbe de la nobleza fue su incapacidad de adecuarse a la nueva situación del sistema comercial y capitalista pues carecía de los conocimientos básicos (conceptos como beneficio y pérdida, por ejemplo, eran desconocidos) para administrar sus tierras y bienes que tuvieron que ir vendiendo a los campesinos. Ya en 1859 muchos caballeros se habían endeudado desesperadamente y entre 1861 y 1900 el 40 % de la tierra fue vendida, pero esto no paró las pérdidas de la nobleza que no estaba preparada para conseguir beneficios. A finales de siglo muchos nobles descubrieron que no podían seguir viviendo con su ritmo pero sólo algunos gobernaron sus posesiones eficazmente sacándoles una rentabilidad y convirtiéndose en liberales. En esta circunstancia, los Zemstvos se convirtieron en la vanguardia del liberalismo y los cambios sociales, invirtiendo en educación primaria, reformando la agricultura, mejorando la higiene y la salud y oponiéndose a la política zarista. [2]

El campesinado era la clase más desfavorecida. Durante el S. XIX se divulgó el mito del campesino noble, moral, honorable y justo. Esto se debió a la numerosa literatura y al sueño socialista de ver a la aldea como la base del movimiento comunal. Los “populistas” [3]pensaban que a través de la aldea se conseguiría el salto a la sociedad socialista sin pasar por el estado burgués. Sin embargo, cada vez más, los campesinos aparecían como gente bárbara ante los ojos de los jóvenes de la “intelligentsia” populista que se acercaba a vivir con ellos y a conocerlos. Se necesitarían años de trabajo paciente para cambiar esta forma de ser.

 


Con este panorama, a inicios del S. XX Rusia seguía siendo un país campesino con un 80% de la población perteneciente a esta clase y con la mayoría del resto de las clases partiendo también de ella. El campesinado aportaba a la ciudad carreteros, cocheros, barrenderos, porteros, camareros, vagabundos y prostitutas. Esta brecha cultural y social entre las clases proporcionó una de las raíces de las causas revolucionarias. El campesino estaba aislado del resto de las clases en todos los ámbitos: político, social, económico, jurídico y geográfico. Su contacto con las clases pudientes era para servirlos. Rara vez atravesaban los límites de su propia aldea, y su comunidad era el centro de su mundo aislado. La aldea (MIR) era gobernada por la asamblea de ancianos campesinos (Zemstvos) que regulaban todos los aspectos de la vida. Su autogobierno fue ampliado por la emancipación de 1861 haciéndose con funciones administrativas, policiales, judiciales, y se convirtió en la unidad básica de la administración rural institucionalizada. Controlaba las tierras transferidas de los terratenientes y las distribuía según el número de integrantes de la familia, establecía patrones comunes de pastoreo y cultivo, gestionaba pastos y bosques, contrataba a vigilantes, recaudaba impuestos, reclutaba soldados, reparaba construcciones comunes, establecía organismos de beneficencia, organizaba fiestas, arbitraba en disputas, etc. La aldea construía vínculos de unión y solidaridad comunitaria. Esto testimonia el “colectivismo natural” del pueblo ruso y la lógica funcional de la auto-organización campesina para la subsistencia. Sin embargo, bajo esta unidad, los campesinos luchaban entre sí por conseguir ventajas individuales; la organización colectiva es solo ejemplo de que los intereses individuales eran mejor atendidos por una actividad colectiva.

Las asambleas o SJOD funcionaba democráticamente y la toma de decisiones estaba dominada por un pequeño grupo de cabezas de familia o patriarcas más antiguos, que eran también los de mayor éxito por lo que la unanimidad del Mir no era reflejo de una armonía sino una conformidad impuesta desde arriba por los ancianos. Estos grupos de campesinos poderosos fueron denominados posteriormente por los comunistas los “Kulaks” o campesinos ricos. Este dominio de los patriarcas se debía a que Rusia seguía siendo una cultura basada en la tradición oral, donde las costumbres se transmitían a través de generaciones y servían de modelo para las acciones colectivas de la aldea. Los abuelos eran considerados las personas más importantes y su opinión era decisiva en los consejos. Era una cultura conservadora. Sin embargo, las nuevas tecnologías estaban abriendo la aldea al mundo y el incremento de la población rural estaba dando lugar a una nueva generación de campesinos conscientes. Esto podemos verlo por la fragmentación de la hacienda patriarcal con más del 40 % de ellas divididas a finales del S. XIX y por la inclinación de los campesinos que se apartaban de la familia extensa de 9’5 miembros a 6’8. El zarismo veía esto como un ataque a la familia patriarcal. Los hijos poco a poco se fueron independizando para crear sus propias explotaciones, menores pero de su propiedad. Su progresiva educación fue otro de los orígenes del individualismo creciente. Entre 1878 y 1911 el número de escuelas primarias se cuadruplico (de 25.000 a 100.000). Los activistas principales de la Revolución Rusa fueron formados en estos años….. Con sus esfuerzos de educar a la gente, el régimen estaba colaborando a cavar su propia tumba.

 


Esta alfabetización hizo que el campesino estuviera mejor preparado para aceptar las innovaciones tecnológicas, aceptando el progreso y debilitando así el orden patriarcal, pero la vida campesina continuaba siendo brutal y breve. En la primera década del S. XX uno de cada cuatro niños moría antes del año de vida y la media de esperanza de vida oscilaba los 35 años. Por otro lado, la aldea rusa era un lugar violento, tanto dentro de la propia familia como en la vida en sociedad. La conformidad era la regla general y los disidentes (adúlteras, ladrones etc.) eran castigados con multas, ostracismo o humillaciones públicas. Las mujeres también sufrían la violencia doméstica y los problemas entre familias también se arreglaban a menudo a golpes. La exclusión social a la que eran sometidos (hasta 1905 no tuvieron derecho a poseer su propio terreno y la servidumbre continuaba en la regulación legal) los situaba al margen de los usos legales autocráticos y por esto crearon su propia ley consuetudinaria. Sin embargo, esta ley (basada muchas veces en el sentido común y la justicia) hizo que en las reformas de 1917 demostraran su capacidad de reestructurar la sociedad rural partiendo de la relación con la tierra, el comercio local y la educación o la justicia, demostrando su sofisticación política. Tres reglas legales conformaron la mente revolucionaria campesina:
- El concepto de propiedad familiar: los bienes de la explotación eran de propiedad común de la familia. La única manera de que la propiedad familiar podía ser dividida era a partes iguales menores.
- La hacienda familiar estaba organizada y se definía según los principios del trabajo. Se era miembro de la familia según la participación activa en las labores. Esta relación también se daba con la tierra: la tierra no pertenecía a nadie, por esto los nobles no poseían la tierra de manera justa y los hambrientos estaban legitimados para intentar arrebatársela. La ley del estado y del campesinado chocaban en este como en otros puntos.
- La ley es subjetiva y se juzga según el caso, posición social y económica de las partes, norma de gran afinidad con la revolución. Su eco fueron los tribunales populares en los que la clase social de un hombre era factor decisivo para determinar su culpa. Los campesinos entendían la política a efectos prácticos directos más que en términos abstractos.

Cuando el estado intentó aumentar el control burocrático a finales del S. XIX los campesinos desarrollaron formas de resistencia pasiva contra él. Establecieron una estructura dual de administración: la formal, relacionada con el estado, inactiva e ineficiente, y la informal, activa y eficiente. El poder del estado Zarista nunca penetró realmente en la aldea.

En estas circunstancias medievalistas, el desarrollo económico que se produjo en la Rusia de fines del S. XIX fue patrocinado por las inversiones europeas en las diferentes actividades productivas: las grandes hidroeléctricas estaban en manos extranjeras así como el 90% de las acciones mineras. Los ferrocarriles fueron construidos por capital inglés y francés; en la metalurgia predominaba el capital francés, y el británico en el petróleo. Los banqueros franceses eran los máximos acreedores rusos, lo cual tuvo una enorme repercusión en la política de la Europa dividida. Ya en 1916, los intereses que pesaban sobre la deuda pública superaban el total de los ingresos del Estado y la mitad se debía a bancos extranjeros.[4] De ahí la proclama de los bolcheviques de obviar la deuda si llegaban al poder, lo cual provocaba gran temor en las potencias deudoras. Sin embargo, estas inversiones no habían estimulado a la burguesía nativa.

La inversión extranjera aceleró el desarrollo del capitalismo en Rusia y con él, el desarrollo de la mentalidad de clase y el movimiento de clase obrero. Este desarrollo de conciencia proletaria se llevó a cabo de forma tardía en comparación con los países occidentales donde surgió en los siglos anteriores con las revoluciones liberales-burguesas y su toma de los poderes políticos y económicos. La Rusia Zarista no produjo este movimiento por lo que no se desarrolló una clase media liberal y no se llevaron a cabo las revoluciones liberales. El poder siempre estuvo en manos del Zar autocrático que gobernaba apoyándose en una burguesía débil, escasa y corrupta y una aristocracia omnipotente. Con las inversiones extranjeras, la burguesía rusa siguió sin desarrollarse en un amplio porcentaje y, además, ahora dependía de occidente en cuanto a capital, técnicas, ideas etc.

Por otra parte, ese rápido desarrollo económico había producido un sistema de comunicaciones basados en la máquina de vapor y el telégrafo, y otros logros como la luz eléctrica, que facilitaban las comunicaciones y demandaba un gobierno más moderno, convirtiendo a la lenta y pesada autocracia zarista en un anacronismo dentro del mundo occidental. En un estado en rápido proceso de modernización, los altos estamentos, como la autocracia, no se sometían a estos cambios, por lo que se produjo un choque entre la clase política y las condiciones de su subsistencia, que habían desaparecido. La burocracia se vinculaba a la dominación de clase y los bolcheviques, demostrando gran fe en los avances técnicos, pensaban que el respeto a la persona pasaba por la difusión de las innovaciones tecnológicas: “La electrificación es la base de la democracia” decía Lenin. Se identificaba progreso técnico con democracia. Por lo tanto, una de las causas principales de la revolución fue esta incompatibilidad del régimen zarista ruso con las exigencias de la sociedad moderna. Posteriormente, la guerra aceleró el desarrollo de la crisis revolucionaria.

 


La rápida toma de conciencia del movimiento obrero hizo que no pudiera ser absorbido por los parlamentos, como ocurrió en la Europa occidental, y su núcleo se constituyó como plenamente revolucionario. Incluso algunos aristócratas e intelectuales decidieron incorporarse al movimiento revolucionario y terrorista, obviando el movimiento político. Se dio por supuesto que para obtener ciertos cambios era necesario derrocar al régimen vigente y para ello sólo era válida la acción directa ya que la historia había demostrado la incapacidad de la vía parlamentaria. Esta toma de conciencia se debió a las condiciones de los trabajadores, hacinados en barracones y en cuyas fábricas morían cada año más personas trabajando que en la guerra ruso-turca de 1877-78. La lucha de clases se demostraba sin la “máscara” con la que se nos presenta en nuestra actualidad. Para cuando los países europeos decidieron apoyar las reivindicaciones liberales que favorecían sus intereses ya era demasiado tarde y el movimiento obrero estaba plenamente preparado para hacerse con el poder y dispuesto a ello. En las altas esferas, la crisis institucional del régimen zarista [5]era tan importante como la toma de conciencia del proletariado para el desarrollo de la revolución, y Lenin era consciente de esto. Los ministros eran todos incapaces de tomar las riendas de la situación y de resolver los problemas más acuciantes. En los dos años anteriores a la revolución los ministros se sucedían: hubo cuatro primeros ministros, seis ministros del interior, cuatro ministros de la guerra y otros cuatro de agricultura. La corrupción era la principal característica del poder.

Desde comienzos de siglo, la autocracia parecía estar en guerra con sus ciudadanos endureciendo sus actitudes represivas, tal vez por miedo a lo que se avecinaba. Se emplearon agentes provocadores y asesinos a sueldo. Existía una divergencia entre el poder estatal y religioso por una parte, y la intelectualidad por otra. Esto se intentó reprimir prohibiendo el pensamiento contrario al estado y acusándolo de rebelión. Pero siempre surgen desobedientes. Algunos se negaban a pagar impuestos, otros a cumplir el servicio militar, otros predicaban la igualdad entre los seres humanos y abogaban por el reparto igualitario de las riquezas y otros se organizaban en comunas en las que cada uno disponía de lo que necesitaba según sus necesidades. La iglesia luchó de la única manera que sabe contra estas actitudes que consideraban díscolas y se hicieron frecuentes las conversiones forzosas.

Por otra parte, la guerra había fortalecido las posiciones de la escasa burguesía que se había visto favorecida por el avance del capitalismo ya que hacía prosperar a comerciantes y financieros. Por esto mismo, incluso en círculos gubernamentales y cortesanos había personas nada entusiastas con la guerra que estaban enriqueciendo a personas peligrosas de pretender más cuotas de poder.

Entre 1913 y 1917 los precios se desorbitaron y con el sueldo solo daba para comprar el 45 % de los que se podía adquirir antes de la subida de la inflación. La gente veía como una de las causas de esta subida a la guerra, la cual nadie comprendía su porqué, y mientras los soldados iban cayendo. La cifra de hombres susceptibles de ser reclutados llegaba a veintisiete millones pero muchos estaban excluidos por diferentes motivos por lo que solo el 5% de la población se podía movilizar frente al 12% alemán y francés. Rusia sufrió antes que el resto la escasez de hombres ya que en 1914 ya había tenido 1’8 millones de bajas. Tubo que comenzar a tirar de las reservas escasamente preparadas y entrenadas. Por su parte, en el frente, los motivos de la guerra no eran comprendidos y se veían como una defensa del zar o de la religión, no como una defensa del pueblo ante un ataque, y las deserciones comenzaron a sucederse; en 1916 ya se habían registrado un millón y medio de desertores.

 

1.2.- LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

Desarrollo de la revolución

La revolución de Octubre es el hecho social e histórico capital del siglo XX y el primer momento en que se puso en marcha un proyecto revolucionario Comunista a nivel nacional e internacional. Tal vez por esto todavía hoy sigue siendo referencia en algunos discursos de izquierda así como una vía posible capaz de imaginar una alternativa al sistema capitalista burgués. Pero independientemente de su alcance histórico, la revolución de Octubre tuvo lugar como respuesta a las necesidades de emancipación [6]de un pueblo sometido y acostumbrado a las hambrunas, así como salida a una situación que había llegado a la asfixia del sistema político-social.

El Primer intento de llevar a cabo y realizar las ansias revolucionarias de la izquierda tuvieron lugar en 1905 y fue una revolución de origen Mixto en la que luchaban juntos liberales y constitucionalistas. Más que una revolución en sí, fue una revuelta campesina que fue fácilmente reprimida por la falta de coordinación entre las fuerzas revolucionarias. Reflejo de esta revolución es la creación de la Duma (27 de abril de 1906), que nunca tuvo poder real al estar asfixiada y depender de la Aristocracia, y la creación del primer Soviet.

 


 


La segunda revolución se desarrolló a partir de 1917 y fue la que desembocó en la formación de la Unión Soviética. Sus causas son muy parecidas a las de la primera revolución, dado que los problemas estructurales no se habían solucionado, pero con el añadido de la proclamación, por las potencias europeas principalmente, de la primera guerra mundial, en la que Rusia entró aliada del bando Inglés, Francés y Japonés contra Alemania. Que dicha revolución tuviera lugar durante la guerra no es un hecho aislado ya que podríamos decir que se lleva a cabo, en parte, como resultado de esta al poner de manifiesto las contradicciones, intrínsecas según los comunistas, del sistema capitalista [7]. Esta situación de guerra internacional fue aprovechada por el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso para proclamar su ideología pacifista que caló hondo en las tropas mal equipadas y mal gobernadas y en una sociedad con unos problemas que requerían una rápida solución antes que una guerra que esquilmaba aún más las reservas Rusas.
En ella, la autocracia fue rápidamente remplazada por un gobierno provisional [8] que representaba a los partidos de la oposición liberal con mayoría en la Duma junto al cual se creó el Soviet (Consejo de delegados de los trabajadores) de Petrogrado así como el Soviet del ejército.

 


En estos comienzos y arengados por las ansias emancipadoras, numerosos proscritos volvieron a Rusia, tanto Bolcheviques como Mencheviques, que encontraron en el Soviet de Petrogrado una plataforma dispuesta para sus intereses. Pronto, los Soviets se convirtieron en rivales de primera mano del gobierno provisional al cuestionarle activamente el poder y el lema bolchevique de “Paz, pan y tierra” fue ganando partidarios. Por su parte, Kerenski, presidente del gobierno provisional, no cumplió sus promesas de repartir tierras y convocar una asamblea constituyente y solo ofrecía llamamientos patrióticos e impopulares para continuar una guerra que favorecía a la nobleza.

A continuación se desarrollaron unos acontecimientos inspirados por la ola de entusiasmo y por las visiones “utópicas” [9] que poseían a las masas en cuanto a emancipación de la humanidad. Pronto se extendieron por toda Rusia Soviet locales de obreros y campesinos en fábricas, campos, etc. que se apoderaron de los medios de producción. Incluso las unidades militares se sublevaron contra las jerarquías. Al poco, el poder de los Soviets fue aumentando y se convirtieron en antagonistas del gobierno provisional, cambiando el objetivo inicial de construir una república parlamentaria por una república de los Soviets de diputados obreros. El Gobierno volvió a tomar medidas contra ellos acusándolos de ser agentes alemanes, encarcelando a algunos, huyendo otros como Lenin, pero en septiembre los Bolcheviques obtuvieron la mayoría en los Soviets de Petrogrado y Moscú. En el mes de Octubre, Lenin regresó a Petrogrado para participar en el Comité central del partido y convencerlo de que estaban preparados y que se debía proceder a una inmediata toma de poder.

Trostki diseñó todo el movimiento ofensivo y el 7 de Noviembre de 1917 la Guardia Roja tomó posiciones en la ciudad y avanzó hacia el palacio de invierno sin derramamiento de sangre. El primer ministro, Kerenski, abandonó el país. Ahora los Bolcheviques tenían la mayoría y en el II congreso de los Soviets asumieron la dirección en el acto. Automáticamente se decidió el paso de la autoridad a estos y se declaró la disolución del gobierno provisional. Las tres primeras medidas que tomaron los nuevos dirigentes fueron:
- Una propuesta de paz a todos los pueblos beligerantes para que abandonasen la guerra. En este punto, se pide especial ayuda a todos los obreros implicados: alemanes, ingleses y franceses.
- Se abolió la propiedad de los terratenientes sin compensación permaneciendo solo en poder de sus propietarios las pequeñas tierras.
- Se creó un consejo de comisarios del pueblo.
En estas circunstancias, Lenin afirmó que la victoria del movimiento obrero abriría “el camino hacia la paz y el socialismo”.

En enero de 1918 el nuevo gobierno obrero y campesino estaba ya firmemente establecido. Bujarin, se dirigía a la asamblea en términos impensables solo unos meses antes: “estar a favor del socialismo o contra el socialismo”. Mediante este discurso, y la negativa del nuevo gobierno a continuar las sesiones requeridas por la asamblea, se daba la espalda por completo a las convenciones de la democracia burguesa.

La primera consecuencia en el plano internacional del nuevo estado socialista fue la retirada de la primera guerra mundial. La revolución apostó así no por una lucha de estados sino por una lucha de clases [10] y el nuevo estado se presentó ante el mundo como destinado a extenderse por toda Europa occidental convirtiéndose en un ataque directo al conjunto de la sociedad capitalista occidental. Como contrapunto a las luchas que la revolución debía llevar a cabo en el exterior, también tenía que hacer frente a las muestras de desobediencia civil que se dieron, como ocurrió con la huelga de directivos y técnicos que tuvo lugar a todos los niveles negándose a servir al nuevo gobierno. Ya en el III Congreso Panruso de los Soviets se proclamó la “Declaración de derechos del pueblo trabajador y explotado” .[11]

 



El 23 de Febrero de 1918 vio nacer el “Ejército Rojo Obrero y Campesino”. Su nacimiento estuvo presidido por una conciencia tan nacional como internacional. Su organizador fue Trostki, demostrando de este modo un gran talento militar. Para dotarlo de efectividad y profesionalidad comenzó reclutando oficiales Zaristas para el entrenamiento, a los que denominaba “especialistas militares”. En el apogeo de la guerra civil, el Ejército Rojo llegó a tener 5 millones de hombres listos para el combate.

El mismo Trostki, al final se vio obligado a alabar las virtudes de la disciplina militar, algo que la revolución había pretendido destruir. A partir de aquí, el Ejercito Rojo tuvo una alta operatividad dado los diferentes conflictos que surgieron tanto en el seno de la unión Soviética como en el exterior. En marzo, por ejemplo, tropas inglesas, francesas y estadounidenses ocuparon Murmansk, supuestamente para protegerla ante un posible ataque alemán y en abril los japoneses desembarcaron en Vladivostok para no quedarse fuera del conflicto.

En el seno de la Unión Soviética, numerosos ejércitos hostiles de Rusos Blancos comenzaron a formarse por todo el país. Dichos ejércitos estaban dirigidos por oficiales como Kolchak, Denikin y Yudenich y apoyados por las potencias occidentales temerosas de que la revolución se extendiera por toda Europa Occidental dado las diversas revueltas que tuvieron lugar en Inglaterra, Alemania, Francia, España, etc. Este intento de contrarrevolución fracasó debido a:
- La pronta recuperación del Ejercito Rojo, bien entrenado y dirigido por los oficiales del antiguo régimen, con toda una industria trabajando para él aunque con pocos medios;
- Por la incapacidad de coordinar los esfuerzos realizados por parte de los Rusos Blancos;
- La falta de apoyo que encontraron por parte de la población en los territorios recuperados;
- Por la resistencia de las tropas aliadas a continuar luchando ya fuera por cansancio o por simpatía hacia el nuevo régimen.
En enero de 1920 las fuerzas blancas ya habían sido dispersadas y destruidas dando paso a una nueva situación.

Revolución y Caos. Comunismo de Guerra

La hostilidad exterior e interior fueron solo algunos de los peligros que debía afrontar el gobierno. En Petrogrado la revolución se realizó sin sangre pero en Moscú los Bolcheviques tuvieron que luchar con cadetes fieles al antiguo régimen. Los partidos políticos comenzaron a organizarse contra la autoridad de los Sóviets. Se produjo una crisis general de todo el poder central y de la autoridad, rechazando la idea de Estado, y las figuras de la autoridad del régimen saliente: policía, jueces, funcionarios, oficiales del ejército, profesores, sacerdotes, patrones, etc. Se realizaron motines, saqueos, huelgas de técnicos, las comunicaciones quedaron interrumpidas, se desorganizaron servicios básicos administrativos, etc. Para hacer frente a este descontrol, se organizó la Comisión Extraordinaria Panrusa (CHEKA) también conocida como policía secreta, para combatir la contrarrevolución y el sabotaje. En muchas partes del país se sucedían los asesinatos indiscriminados de bolcheviques y también de adversarios suyos y la Cheka tuvo cada vez más trabajo en poner paz. Su mayor esfuerzo lo tuvo que realizar en aplacar un golpe de los socialistas revolucionarios como protesta por la paz de Brest-Litovsk. Las detenciones eran cosa normal en esos meses y en Moscú se arrestaron a numerosos anarquistas. Como ejemplo, basta decir que el mismo Lenin sufrió un tiroteo en Moscú.

 


Mientras sucedían estos acontecimientos, el gobierno dirigió sus esfuerzos a mantener el orden y la producción se había visto paralizada y distorsionada por las necesidades de la guerra así como por la ausencia de trabajadores que estaban en el frente. El hambre y el frío sorprendieron a la población y las únicas soluciones que planteaba el gobierno no pasaban de ser principios generales como la distribución igualitaria, la nacionalización de la industria y de la tierra y el control obrero. Muchas empresas fueron tomadas por trabajadores o por el Consejo Supremo de Economía Nacional (VESENJA). En el campo, los campesinos distribuyeron entre ellos las tierras grandes (Kulaks) y medianas. También se nacionalizaron los bancos.

En el verano de 1918 se tomaron las medidas del “Comunismo de Guerra”. Se estipuló que la primera prioridad era la comida y con este fin se crearon destacamentos de alimentación. En junio se crearon en los pueblos comités de campesinos pobres bajo la dirección del Narkomprod, pero solo duraron hasta Diciembre. Los campesinos acabaron distribuyéndose las tierras entre ellos con lo que lo único que se consiguió fue aumentar el número y reducir su extensión, lo cual no contribuyó en nada al aumento ni a la eficiencia productiva. Entonces comenzaron a surgir también rivalidades entre los comités y los Soviets pues la estratificación de clase en las aldeas era bastante normal y el campesinado era consciente de la opresión que sufría a manos del Kulak pero su temor al estado era mucho mayor. Las autoridades desplazaron su apoyo a los campesinos medios, que no eran pobres pero tampoco Kulaks. Sin embargo, ninguna medida estimulaba la agricultura. En esta situación, los comunistas idealistas, a menudo extranjeros, crearon comunas agrícolas, también conocidas como “Granjas Colectivas” (KOLJOZI). El gobierno respondió creando “Granjas Soviéticas” (SOVJOZI) para dar alimento a las ciudades y al ejército pero algunos las veían como una vuelta a las grandes propiedades agrícolas anteriores a la revolución.

 

 


En la industria, el Comunismo de Guerra comenzó con el decreto del 28 de junio de 1918 que nacionalizaba todas las categorías de producción importantes. Inspirado por la guerra civil, lo importante era organizar y administrar lo tomado, una función que el control obrero era incapaz de realizar y que se le tuvo que adjudicar al Vesenja y a los Centros o Comités Superiores (GLAVKI). Las caóticas circunstancias requerían un control centralizado pero en ocasiones, esto no hizo más que agravar la situación. Se tuvo que recurrir, como en el ejército, a los especialistas del antiguo régimen, que eran fuertemente recompensados. A veces se nombraban a miembros del partido para puestos de responsabilidad pero estos carecían de experiencia. Las urgencias de la guerra civil dominaban la producción, sin que hubiera ningún plan específico ni proyecto de futuro. Las demandas del ejército estaban por encima de todo y el estado vivía al día. En esta situación, las ciudades comenzaron a perder población camino de los campos donde buscar comida o reclutados por el ejército; Moscú perdió un 44’5 % y Petrogrado un 57’5 %.

Los problemas de distribución no eran menos graves. El objetivo de sustituir el comercio privado por una distribución equitativa de las mercancías se convirtió en una utopía. Los planes de precios fijos y el racionamiento se vinieron abajo ante la escasez de suministros y la ausencia de eficiencia en la distribución. El comercio se desarrollaba por canales ilícitos como el estraperlista (hombres del saco [12]) . Para frenar estas prácticas abusivas se intentó utilizar las cooperativas ideando fórmulas de trueque pero los bienes escaseaban en los momentos cruciales de la guerra. El método ideado por el gobierno para hacer frente a las necesidades del ejército y las ciudades fue entonces el requisado de excedentes, pues la tarea primordial fue mantener avituallado al ejército.

 


La esperanza en la autodisciplina de los obreros también se vio frustrada. El control obrero de la producción, tan promocionado en el albor de la revolución, se convirtió en el caos. En medio de esta crisis, Lenin hizo familiar el mensaje de “el que no trabaja no come”. Entonces se dieron una serie de contradicciones entre las medidas tomadas y el ideal de la revolución: Lenin se pronunció a favor del Taylorismo [13], criticado anteriormente como esclavizamiento del trabajador por la máquina; también se introdujo en la industria la dirección de un solo hombre, antítesis del control obrero y de la igualdad. El I Congreso Panruso de los Sindicatos, en enero de 1918 tuvo que llamar al orden a los comités de fábricas para que el interés de un pequeño grupo no quedara por encima del bien general del proletariado. Así se pone la base para el desarrollo del principio de centralización de la autoridad dispersada por la revolución.

Los sindicatos, apoyados por los Bolcheviques, se convirtieron en organismos del estado socialista debiendo asumir un peso importante en la organización de la producción. La elevación de la productividad, la mejora de la disciplina, la regulación de los salarios y la prevención de huelgas eran responsabilidades de los sindicatos junto con el Vesenja, disipando así las diferencias prácticas con el Narkomtrud.

En Mayo se crearon los “sábados comunistas” para realizar horas extra de trabajo voluntario sin paga para acelerar el suministro al frente. De esta época data la creación de los Udarniki u obreros de choque que realizaban a gran velocidad trabajos de primera magnitud. Sin esta combinación de coerción y trabajo voluntario la guerra civil no se habría ganado. Tras la victoria sobre los último Rusos blancos, Trostki se convirtió en abanderado de la nueva idea de la militarización de la economía. Al terminar la lucha, algunas unidades militares fueron reconvertidas en batallones de trabajo; el primer ejército revolucionario de trabajo se creó en los Urales en 1920. Pero una vez que la guerra con Polonia concluyó, empezaron a surgir voces discrepantes de esta política autoritaria. Lenin apoyaba a Trostki pero la oposición se fue endureciendo producto de un duro debate abierto a varios frentes y solo se resolvió cuando la política del Comunismo de guerra y abandonó en Marzo de 1921 a favor de la N. E. P. [14]



Los Intentos de Internacionalización de la Revolución

Desde los comienzos de la revolución, el nuevo gobierno Bolchevique no concebía política exterior sin la realización de una propaganda efectiva a favor de la internacionalización de la revolución por encima de los estados y cualquier otra idea fue desterrada del pensamiento revolucionario. Por ejemplo, se realizó abiertamente propaganda anti-bélica entre las tropas alemanas del frente. Sin embargo, las realidades externas pronto hicieron disiparse esta utópica y centrista visión del mundo y se impuso la idea de una república soviética en lucha en un mundo de estados nacionales.

Las diferentes llamadas a la paz cayeron en saco roto y la Unión Soviética tuvo que realizar pactos puntuales para asegurar su paz exterior. Así, en Febrero de 1918 se firmó el tratado de paz con Alemania en Brest-Litovsk, un tratado no muy favorable pero que sacaba a Rusia de la guerra. Lenin incluso la calificó de “paz vergonzosa” al implicar el abandono de Ucrania y otras zonas. Este tratado provocó la dimisión de Trostki como Comisario del pueblo para asuntos exteriores. De forma paralela, se realizaron contactos, en este caso estériles, con Inglaterra, Francia y los Estados Unidos.

El punto de inflexión fue el colapso de la potencia alemana y la firma del armisticio el 11 de Noviembre de 1918. En esta situación, Europa central se convirtió en un tablero de ajedrez donde se disputaba la lucha entre el comunismo y el capitalismo. Las revueltas por toda Europa en 1919 hicieron pensar a los dirigentes comunistas soviéticos que la revolución se estaba extendiendo: golpes revolucionarios en Baviera y Hungría, disturbios en Inglaterra etc. Esto dio ánimos a los líderes Soviéticos a plantear la sustitución de la II Internacional o Internacional Socialdemócrata [15] por la III Internacional o Internacional Comunista [16], verdaderamente revolucionaria. Ya un año antes y ante las perspectivas que tomaban los acontecimientos, se cambió el nombre del Partido Obrero Socialdemócrata a Partido Comunista Ruso.

En el I Congreso de la Internacional Comunista (Comintern) se votó ya un manifiesto en el que se trazaba el declinar del capitalismo y el avanzar del comunismo: proclama la dictadura del proletariado, se denuncia a la dictadura burguesa, se ridiculiza los intentos de restaurar la II Internacional y se llamaba a todos los proletarios del mundo a presionar para poner fin a la intervención militar en Rusia y reconocer el régimen soviético. En dicho congreso se eligió un comité ejecutivo (IKKI) cuyo presidente fue Zinoviev. A los pocos días se declaró en Budapest la I República Soviética Húngara. Así se produjo la escisión del mundo en dos concepciones, así como el mismo movimiento obrero, fracturado en Comunistas y Reformistas [17]. El apoyo a la revolución internacional era obligatorio para todo marxista, pero era también el mejor arma defensiva del régimen soviético. Sin embargo, el compromiso de los partidos comunistas extranjeros con el Comintern era más débil que el soviético ya que no dependían de él para su defensa.

En esta política de arengas, Lenin apremiaba a los comunistas ingleses para que establecieran acuerdos para vencer a Lloyd George y W. Churchill ante la confianza en la pronta perspectiva revolucionaria. Sin embargo, en abril, Pilsudski, oficial polaco, lanzó una ofensiva sobre Ucrania ocupando Kiev. La República se veía otra vez atacada pero esta vez la respuesta del Ejercito Rojo fue rápida y fuerte y en agosto estaba ante la frontera polaca, coincidiendo con el II Congreso del Comintern el 18 de julio de 1920. En dicho congreso se concluyeron unas resoluciones (las 21 condiciones [18]) pensadas para excluir a los dudosos y para crear un solo partido homogéneo y disciplinado. Varios partidos socialistas se incluyeron en los partidos comunistas, como el Francés y el Italiano, aunque ninguno mostró prisas por incluirse en la revolución.

La perspectiva de la revolución mundial nunca había estado tan cerca. En esta circunstancia, el Ejercito Rojo con el general Tujachevski al frente se debatía entre entrar o no en Polonia y llegar hasta Varsovia. Lenin opinaba que había que aprovechar la oportunidad, y Tujachevski, que pretendía hacer de su ejército el ejército del Comintern, estaba de acuerdo. Ellos pensaban que los trabajadores polacos los recibirían como liberadores del yugo capitalista. Trostki se opuso y Stalin parecía de acuerdo pero estaba en el frente. Al final se decidió traspasar la frontera pero los polacos no iniciaron la revuelta y Pilsudski llamó a la unidad nacional frente al invasor. El Ejército Rojo se tuvo que replegar y firmaron el armisticio al este de la “Línea Curson” el 12 de Octubre de 1920. Esta derrota hizo ver a los dirigentes comunistas que los proletarios estaban aún demasiado imbuidos en lealtades nacionales. En otoño se rechazó la última ofensiva del último de los generales blancos, Wrangel.

En los últimos coletazos de la revolución internacional se produjo un golpe en Alemania que fue fácilmente repelido y la ola revolucionaria por toda Europa comenzaba a retroceder. A esto hemos de añadir las revueltas campesinas dentro de la Unión Soviética, cansados de soportar las penalidades de las guerras, lo que hizo al gobierno desistir de sus pretensiones de internacionalización de la revolución para dirigir su mirada a resolver los conflictos internos.


1.3.- EL ARTE DE VANGUARDIA PREVIO A LA REVOLUCIÓN. SITUACIÓN ARTÍSTICA.

Es fácil de entender que los logros conseguidos por la vanguardia durante la revolución rusa y los primeros años del comunismo no surgieron de la nada. Con anterioridad a los experimentos futuristas del “Frente de Izquierdas” el arte en Rusia había tenido una evolución constante desde primeros de siglo, aproximándose de forma continua a las novedades que procedían de Europa Occidental y asimilando algunas de ellas como propias.

En el origen de todo está el Simbolismo, que en Rusia fue un movimiento muy arraigado y que tuvo un desarrollo más prolongado que en Francia u otros países europeos. A partir ya de 1900, los simbolistas rusos empezaron a dar muestras de un mayor compromiso por los temas sociales. Esta tendencia hacia temas sociales se observa en los artistas rusos en todo momento, implicados con la causa de denuncia de la pobreza reinante en su país. La revolución fracasada de 1905 acentuó aún más si cabe la implicación social y política del arte, con los artistas Blok y Brioussov al frente. Así, la meta perseguida de implicar al arte en la vida es una constante desde esos momentos para toda vanguardia Rusa. Esta aproximación a la realidad hace que el arte ruso sea menos elitista y más protestatario que las formas artísticas europeas, más próximas a formas de evasión estética de tipo burgués.

Mucho tiempo antes, en 1863, ya se habían empezado a crear las asociaciones de artistas como “Los Ambulantes”, en 1890 se creó el movimiento “El Mundo del Arte” (Mir Iskusstva) y en 1910 la asociación “La Unión de la Juventud”, más radical en sus concepciones, de la que son miembros Rozanova, Burliuk, etc. y que organiza conferencias y exposiciones. Son ellos los que empiezan a hablar de conceptos como superficie-plano (Ploskost) y textura (Faktura) y diferencian la Composición como actitud de contemplación pasiva de la Construcción, actuación dinámica sobre el material. Estas asociaciones son el resultado de la creación en Rusia de una cultura internacional gracias a la introducción en el país de telas de Monet, Degas, Matisse, Cézanne, Gauguin y Picasso. Posteriormente, también se dieron a conocer las obras del movimiento expresionista alemán “El Jinete Azul” en distintas exposiciones. Con ellos entraron en Rusia las corrientes pictóricas de los que ellos son cabezas principales. Simultáneamente a la creación de las asociaciones, se crean revistas que se convierten en medio de expresión y debate de los artistas, como “Toisón de Oro” y “Apolo”, que prolongan este aperturismo hacia occidente a la literatura artística. Esta tendencia europeizante coincide con lo que en política y economía se vio como una necesidad para que el sistema ruso cogiera aire fresco y diera un giro a la dirección que traía. Sin embargo, la influencia europea en arte benefició al mundo artístico ruso y logró ese giro esperado mientras que en economía y política solo supuso un parche a problemas estructurales que siguieron sin solución.

La influencia europea supuso la entrada en declive del Simbolismo ruso comenzando a partir de 1912 el conflicto con el Cubo-Futurismo. Esta palabra define la unión del movimiento cubista, que se convirtió en dominante y sucesor del simbolismo, con las ideas futuristas de los artistas que comparten la idea del Futurismo italiano de la defensa de un mundo maquinizado, tecnológico, idealizado y utópico pero aplicado a ideas de izquierda más acordes con la idiosincrasia rusa. La idea futurista del dinamismo del espacio es también muy importante en el futurismo ruso, sobre todo en su rechazo a la pintura estática, así el “movimiento” se convierte en objetivo principal. En 1910 aparece el grupo “Sota de Diamantes”, con un perfil un poco primitivista, y que daría paso a “Cola de Asno” creado en 1912 por Larinov y Goutchanova, un movimiento artístico que reclama una escuela rusa independiente. “Cola de Asno” aglutina a artistas de la talla de Malevitch, Tatlin, Stepanova, Popova, Chagall, etc. con un fuerte talante renovador. También en 1912 apareció el primer manifiesto cubo-futurista ruso: “La bofetada al gusto público”, entre cuyos firmante se encontraba el poeta Maiakovski, muy activo durante la etapa revolucionaria y habitual colaborador con artistas. Los años siguientes son los de consolidación del cubismo en Rusia por varios motivos: Las obras de Picasso y Braque llegan a las colecciones rusas, se difunden las teorías de Gleizes y Metzinger, y numerosos artistas rusos pasan temporadas en Paris o se quedan a vivir en la capital francesa, como Popova, Naum Gabo, Tatlin, Archipenko, Lipchitz o Lissitzky.

Según nos vamos aproximando a la fecha de la revolución rusa, la actividad artística va aumentando y densificando sus actuaciones. Parece como si la intensificación de la actividad político-social fuera de la mano de la ebullición de las nuevas ideas transgresoras que se estaban dando en el campo artístico. Es importante resaltar este paralelismo arte-política dado que no se puede entender la revolución artística sin tener en cuenta la revolución político-social. A la vez que se sucedían huelgas y manifestaciones, los dos movimientos dominadores de la escena artística rusa durante la revolución, el Suprematismo y el Constructivismo, comienzan a tomar forma. Así, sobre 1913-1914 comienzan ya a darse lenguajes artísticos propios en Rusia, como las primeras construcciones no-utilitarias de Vladimir Tatlin de pequeños objetos tridimensionales, predecesores de los constructivistas. Esta era su particular forma de interpretar los ensamblajes cubistas. Tatlin fue una de las personalidades más influyentes en los primeros años de la vanguardia, siendo miembro fundador de grupos como “Cola de Asno” (1912), “Sota de Diamantes” (1913) y la “Unión de la Juventud” en 1914. En sus objetos tridimensionales proyecta el cuadro hacia fuera llevándolo al espacio tridimensional, rompiendo la bidimensionalidad característica de esta forma. Sus relieves (“Contra-relieves”, como él los llamaba) explotan magistralmente las propiedades de los objetos utilizados, modificando muy poco el objeto original y trabajándolos de manera coherente a su estado natural. En cuanto a su actitud, en ella se observa ya una despreocupación por la idea del artista individualista, lo que hace que no se preocupe por la conservación de sus obras, y que más adelante sería una de las características del arte revolucionario como contraposición a la egolatría del artista burgués. Por todo esto, Tatlin es considerado como el precursor del Constructivismo.

Puni y Klyun llevaron a cabo también sus investigaciones en torno a las formas cubistas pero se quedaron en una visión de los relieves más pictórica al no sobresalir tanto del marco. Puni expuso en la exposición “Tranvía V” de Petersburgo, en 1915, varias de estas obras. Bruni seguía un camino parecido al de Puni, aunque se decantó un poco más por la aproximación al Objet Trouvé presentando un barril de cemento roto y una lámina de cristal perforada por una bala en la exposición “El Almacén” en Moscú, 1916.
Por otro lado, en 1915, en la exposición “0.10” en San Petersburgo, se presentaron las primeras pinturas suprematistas de Malevitch junto con obras de Puni, Klyun, etc. En esta “última exposición futurista de pintura” también se expusieron los contrarrelieves de Tatlin. En esos años, Malevitch proponía una pintura suprematista sin demarcaciones, con propensión al infinito y con formas geométricas elementales dinámicas. El dinamismo era conseguido a través de la relación establecida entre los colores, ya que las formas era geométricas y estáticas. Todo esto se adornaba con una tendencia hacia lo espiritual muy fuerte, como anteriormente había hecho Kandinsky, con el fin utópico de ir más allá del universo físico. La denominación de Suprematismo proviene de su intención de expresar lo “supremo” a través del arte, lo esencial y absoluto. En 1913, durante la representación de la ópera futurista “Victoria sobre el sol” ya se pudo ver las primeras formas Suprematistas como el cuadrado negro como parte del decorado de la obra.

Rodchenko y Stepanova entraron en la escena artística rusa justo después de esto. Llegaron a Moscú en 1916 y se adentraron de lleno en la vida artística de la ciudad, justo cuando se empezaba a apreciar el arte de una forma más materialista, alejándose de los principios suprematistas. En 1916 Rodchenko participó en la exposición “El Almacén” organizada por Tatlin. En esta etapa, Rodchenko ya se había decantado por planteamientos geométricos de líneas planas en el espacio, posicionándose como una alternativa a Malevitch. Rodchenko era el máximo seguidor de Tatlin, construyendo esculturas no objetivas que combinaban elementos geométricos regulares e irregulares poniendo el acento en las cualidades expresivas de los elementos. En este origen se enmarcan también sus estudios sobre la línea como mero elemento de construcción para continuar posteriormente con composiciones espaciales de círculos concéntricos que suspendía del techo y se movían. Por su parte Stepanova nunca superó la bidimensionalidad del cuadro y su interés se mantuvo en analizar la figura humana en movimiento.

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BIBLIOGRAFÍA|| CONTEXTUALIZACIÓN POLÍTICA: LA REVOLUCIÓN Y SUS CAUSAS

BOTTOMORE, Tom: Diccionario del Pensamiento Marxista. Editorial Tecnos S. A. Madrid, 1984.

CARR, Edward Hallet: La Revolución Rusa: De Lenin a Stalin (1917-1929). Alianza Editorial. Madrid, 2002.

CARR, Edward Hallet: Historia de la Rusia Soviética: La revolución Bolchevique (1917-1923) I.- La Conquista y la Organización del Poder. Alianza Editorial. Madrid, 1973.

FIGES, Orlando: La Revolución Rusa (1891-1924): La Tragedia de un Pueblo. Editorial Edhasa. Barcelona, 2000.

HILL, Christopher: La Revolución Rusa. Editorial Ariel. Barcelona, 1983.

MARX, Karl y ENGELS, Friedrich: El Manifiesto Comunista. Editorial Alba. Madrid, 1996.

 

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